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San Diego: correr con galones por la bahía.

Viajar para correr? (por JMT)

Ver entrada completa en: http://torcas59.blogspot.com.es/2014/02/san-diego-correr-con-galones-por-la.html

He pasado una semana en San Diego, intensa en lo profesional, pero muy relajada en lo particular. En lo profesional, un congreso de mucho nivel y muy fructífero es muchos sentidos. En lo privado, además de conocer una ciudad preciosa, pude salir a correr todos los días a orillas del mar, por su espectacular bahía. El horario de trabajo era apretado, por lo que al llegar pensé que iba a tener problemas para poder entrenar, pero vino en mi ayuda ese enemigo del viajero transatlántico: la jet lag, o el mal causado por el desfase horario. Esta vez se puso de mi parte, y todos los días, a eso de las 5 de la mañana, estaba despierto, tan fresco. Después de entretenerme un rato contestando correos electrónicos del día que ya había pasado en España, a eso de las 6-6.15, me he calzado todos los días las zapatillas y me he echado a la calle.
El primer día pensé que iba a ser el único loco corriendo por las calles. Pero craso error. Amanecía prácticamente a esa hora, y por el paseo que transcurre junto al mar eran muchos los corredores que tenían la misma idea que yo. Había por tanto luz y, sobre todo, una temperatura perfecta. Todos los días he disfrutado de una salida en condiciones óptimas. Con corredores de todas las edades y muchas mujeres (más que en España). Y en un entorno espectacular, donde además de pasar por un memorial a los marinos caidos del crucero “San Diego” en la IIGM, el memorial a Bob Hope, una estatua enorme homenajeando “las despedidas de los marinos cuando salen a ultramar” con un enorme beso, se ven los barcos del museo naval, el impresionante portaaviones Midway, los embarcaderos típicos de madera, los puertos deportivos,… Parte de mi recorrido acababa en el aeropuerto, metido en medio de la ciudad, viendo aterrizar y despegar aviones. Y al otro lado la flota amarrada más grande del mundo, con dos portaaviones funcionales fondeados.
Al igual que en casi todas las grandes ciudades, al cruzarte con otros corredores nadie te saluda. Pasa en Madrid, pero también en Paris, Nueva York,… El último día, en mi salida de despedida, al empezar a correr por la bahía, un corredor que estaba parado, estirando, me dijo con una inclinación de cabeza “good morning”. Bueno, que amable, pensé, pero que raro. A los pocos metros, otro corredor con el que me crucé me hizo una inclinación de cabeza (manera habitual de saludar cuando vas corriendo). AL rato una chica que corría con su perro también me dedicó un golpe de cabeza con una sonrisa. Y luego otro más, y otro. Esto no podía ser casualidad. Pronto caí en lo que pasaba. Me había puesto la llamativa camiseta azul de “finisher” de la Maratón de Boston. La maratón más prestigiosa de EE.UU. La más antigua. La más carismática. Ahora con muchas connotaciones sentimentales para los “runners” americanos después del atentado. Vamos, que iba corriendo con galones.

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Maratón de Toral de los Vados

Una Maratón se empieza a correr mucho antes del momento de la salida. Quizás cuando por primera vez piensas en ella, quizás cuando empiezas a entrenarla. Esta maratón, sin saberlo, empecé a correrla en la San Silvestre vallecana del 2007. Era mi primera carrera después de la maratón de Donosti, y de alguna manera, el comienzo de mi preparación para MAPOMA 2008. MAPOMA 2008 no pudo ser, por las causas que ya he contado en otro sitio, y me encontré con Toral de los Vados. Por primera vez iba a correr una Maratón, en principio, solo, y para quitarme la espina y la frustración que sentí al tener que renunciar a MAPOMA. No conocía Toral, y entré en los foros para saber de qué iba esta maratón. Según leo por aquí y por allá, una maratón muy familiar (solo doscientos corredores), con muy buen trato al corredor, bonita por sus paisajes,… Todo me hizo animarme a correrla.

El sábado (21 de Junio), con Ana, mi mujer, me fui hacia Toral, donde llegamos a la hora de comer. Como era un poco tarde, comimos en el hotel. La primera sorpresa: ni pasta, ni arroz en el menú (se supone que todo el pueblo se vuelca en esto de la Maratón); bueno, lo mejor en la carta, unas croquetas y ensalada de pasta… Después de una minisiesta (ya había nervios por ir a por el dorsal), nos dirigimos al ayuntamiento. La bolsa del corredor, discreta: dorsal, medalla, botella de vino del Bierzo, bote con aguardiente y cerezas y camiseta talla mediana (solo había tallas medianas, curioso porque solo hay inscritas, creo, ocho mujeres).

Después de recoger el dorsal, hicimos algo de turismo: Villafranca del Bierzo (la pequeña Santiago, espectacular), Cacabelos,… paseo por Toral, y buscar un sitio para cenar un buen plato de pasta. Entro en un restaurante próximo al lugar de la salida y pregunto: ¿tienen pasta para cenar?, y me responden: ¡Pues claro, como todos los años! Pensé, “esto va a ser una especie de fiesta de la pasta”, después de esa rotundez… Cuando llega la hora de cenar, la única pasta que había en el menú eran unos espaguetis con carne que habían sido cocidos varias horas antes (¿cómo es posible?). Bueno, menos da una piedra, por lo menos son hidratos de carbono (eso si el pan, estaba riquísimo). Y a dormir prontito.

Al día siguiente, madrugón para desayunar (el comienzo de la carrera es a las 8 de la mañana) y a las 7.30, como un clavo en la plaza de la estación, lugar desde el que sale la carrera. Y conozco algunos corredores. Una de las mejores cosas de las carreras populares, es la posibilidad de conocer gente de todos los sitios. Allí estaban Nacho de Vitoria y Luis de Bilbao (corredores de muchas maratones, carreras de 100km,…) Con Nacho corrí casi toda la carrera. Luis se tuvo que retirar tras la media maratón. Y a Santi, todo un personaje del que luego hablaré. También algún imbécil andaba por allí (por ejemplo un corredor gallego –es todo lo que se de él- que me montó un pollo por apoyarme en su coche a estirar).

La carrera arranca con una vuelta por el pueblo, pero que obliga a subir un par de cuestecitas, ‘para calentar’. Aunque el día ya se avecinaba calentito, porque a esa hora había veintitantos grados. Desde Toral hasta Cacabelos (km 10), pica ligeramente hacia arriba, pero se hace agradable. El paisaje muy bonito, con viñas a ambos lados, carretera estrecha, y sombra. Prácticamente la única sombra que íbamos a disfrutar durante toda la carrera. A la salida de Cacabelos, empiezan las cuestas, esas que aparentemente no existen en el perfil. Cuestas prolongadas, rectas,… Hay una recta, antes de Ponferrada, de 5km. Y ni una sombra, con un sol que calienta cada vez más. Hacia el km 16, ya se empieza a sentir la proximidad de Ponferrada, y atravesar el pueblo, lleva varios km más, incluido el paso por la media maratón. En todo este trayecto el único ánimo viene de algún lugareño que nos insiste en ‘¡más despacio, no hay prisa!’ o el consabido ‘animo, que ya queda menos’ y en los peregrinos que a pie o en bici hacen el Camino de Santiago en la dirección contraria.

A Nacho, que ya había corrido el año pasado no paro de preguntarle: ¿pero la segunda mitad es cuesta abajo, no?, ¿y hay sombras, verdad?  Y me responde lacónicamente ‘ya veremos’. Nadie anima, de vez en cuando alguno de los municipales que regulan el tráfico, tienen una palabra de ánimo. Cuando vas saliendo de Ponferrada (eterno…), piensas: bueno, ahora llegan las sombras, la cuesta abajo,… Pero siguen sin aparecer las sombras y la cuesta abajo ¡donde está la cuesta abajo!!!  Nada,  todo el rato toboganes, falsos llanos. Y un sol de justicia. Desde Cacabelos,  que no hay sombra, la temperatura va subiendo hasta llegar a los 40 grados. Por lo menos el avituallamiento es impecable. Agua fresca (siempre fresca), isotónicas, jugo de coco, limones y naranjas cortados en gajos, y a partir del 30 cada 2,5 km. Y esponjas en casi todos los puestos. Desde la media maratón hasta el 30, otra larguísima recta, más sol. Nadie animando (solo Ana, mi mujer, que aparece de vez en cuando de en medio de la nada, un regalo). Una auténtica prueba ‘personal’. Ya te encuentras con muy pocos corredores. De vez en cuando alguno te pasa, o pasas a alguno. Deseas llegar a los avituallamientos para ver a alguien cómplice con la carrera, recibir algún ánimo. Cerca del 30, llegando a Villaverde de la Abadía, recordaba en el perfil que había visto en Google que había árboles, pero la sombra sigue sin aparecer. El sol cada vez es más implacable. El muro, el sol, la falta de animación, empiezas a darle vueltas a la cabeza y te preguntas: ¿cómo se me ha ocurrido hacer esto? Las piernas te duelen, estas sudando por todos los lados, hasta tengo una ampolla en cada pie. Pero ya te quedan menos de 10 km, ya ves un cartel que pone ‘Toral de los Vados’. Te planteas como meta llegar al siguiente puesto con agua. Y casi de milagro, a falta de 4 km entras en un paraje algo distinto, con árboles, pequeñas sombras. Pasas por un puente encima del Sil que te hace olvidar el sufrimiento e incluso piensas en la cámara de fotos que no llevas. A falta de tres km ya estás en Toral, y tienes que recorrer el circuito que ya conoces de la mañana, incluyendo la cuesta que te lleva al Polideportivo, donde acaba la carrera. Con más de 40 grados a la sombra.

Y llegas, y ya empiezas a olvidar, a somatizar el sufrimiento. ¡Has llegado!, ¡lo has conseguido! Ese momento vale por todo. Y después de la ducha, la comida de ‘confraternización’. De lo mejor de la carrera. Carne, pimientos y chorizos asados, vino del Bierzo, manzanas. Y la charla con los nuevos amigos, comentando la jugada. Y de viejas maratones, que si donde dan mejor de comer, que donde hay buena bolsa del corredor. Y ahí apareció de nuevo Santi. Vaya personaje. Este año lleva ya 13 maratones, pero quiere hacer 22, para poder completar 100 el año que viene que cumple 50. Un tipo espectacular.

Ya ha pasado un día, ando bien, casi sin agujetas (ni yo mismo me lo creo). Casi como que tengo ganas de volver a correr (después de mi primera maratón no corrí en un mes). Y recuerdo las palabras de Nacho ayer: “hoy, según he acabado, no le recomendaría a nadie esta maratón, pero seguro que mañana me parecerá una maravilla y se la recomendaré a todo el mundo”. Pues eso, hoy me parece una experiencia maravillosa.

Algunas fotos:

http://picasaweb.google.com/torcas59/Toral1?authkey=yNaREMiLzho

 

 

Mapoma 2008

Enhorabuena a todos, que habeis estado gigantes. Os he visto a casi todos en carrera y he hecho algunas fotos. A ver si colgais alguna crónica.

http://cid-1d85b35ea7abb87c.spaces.live.com/photos/cns!1D85B35EA7ABB87C!267/