Maratón de Berlín 2013

El 29 de Septiembre de 2013 un grupo de corredores de UC3Marathon y allegados disputamos la 40ª edición del famoso maratón de Berlín, uno de los “grandes”. Para mi fue mi primera experiencia en un maratón y aunque han pasado ya unos meses, aún recuerdo todo lo vivido como si fuera ayer.

Todo comenzó un año antes (como casi toda buena experiencia vital, requiere de planificación y preparación), cuando nuestro famoso “Pollero” empezó a lanzar la idea de irnos a hacer un maratón fuera de España. Aquello empezó a germinar, animados también por José Manuel, quien participó en la edición de 2011 y finalmente terminamos decididos a apuntarnos María, Benja, Grego, el Pollero, 2 amigos del pollero (Edu y Félix) y el hombre sin personalidad (véase, yo, que me apunto a un bombardeo). Animarse era “fácil”, el siguiente paso era apuntarse y eso terminó siendo más complicado de lo que parecía… Ese año el modelo elegido para la organización era el bien conocido “marica el último”, es decir que a una determinada hora de un día concreto (justo después de la edición del 2012, es decir, un año antes de celebrarse el maratón) se abría la inscripción, y los 40000 primeros ansias que se apuntaran tenían su dorsalito (bueno, después de pagar una centenilla de Euros más o menos). En ediciones anteriores los dorsales se agotaron tras unos pocos días, pero este año tan sólo duraron 3 horas. Por casualidades de la vida, suerte o destino, conseguimos los dorsales, y ahí empezó ya el Maratón de Berlín de 2013. Aún faltaba un año, pero aquello ya había empezado y no había nada que lo pudiera remediar ya…

Los meses fueron pasando y al principio no pensábamos mucho en ello, salvo por los recordatorios “amistosos” de Rubi para terminar de cerrar los preparativos: el billete de avión, el hotel, etc. Para el avión, fuimos en varios grupos y yo decidí que quería ir con José y Rubi, por aquello de ir juntos, por lo que Grego se encargó de conseguirnos los billetes de avión. ¿A qué esto parece algo fácil y con poca trascendencia? Pues no, porque el horario de vuelta elegido (para no perder un día de trabajo de José) me dejaba poco margen de error: había que correr mi primer maratón en menos de 4 horas SÍ o SÍ. Alguno que lea esto podría pensar “¿4 horas? Pues vaya castaña de marca, si la élite lo hace en cerca de 2h”. Bueno, pues para mi bajar de 4 horas (y más en mi primer intento) era un reto, pero a mi me gusta ponerme mis retillos, aunque a veces me dé de bruces con ellos.

Los meses siguieron pasando y llegó el momento de empezar a hacer una preparación específica, esas famosas 14 semanas más o menos, en la que entrenar se vuelve una rutina que no puedes abandonar. En mi caso además, ese año iba a pasar 10 de esas 14 semanas fuera de España, en Montreal, lo cual tenía una ventaja y un inconveniente (por resumir). La ventaja: correría con temperaturas un poco más manejables que en España (estamos hablando de Julio, Agosto y medio Septiembre). El inconveniente: tendría que entrenar SOLO (más sobre esto después).

Tras asentarme en Montreal (encontrar casa y demás) empecé a salir a correr, siguiendo un plan de entrenamiento un poco especial, pues era una mezcla de lo que diseñó el gran Antonio Gallardo, nuestro entrenador en Carlos Corre, y lo que me iba “azuzando” día a día José “el Pollero” via WhatsApp. Por suerte ya había estado en Montreal 2 años atrás y sabía de buenos sitios para correr. La mayoría de los días iba al Parc Jarry, una zona en la que hay un circuitillo de poco más de un kilómetro, al lado de las pistas de tenis donde se juega la Rogers Cup de tenis (ese año ganó Nadal).

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También disfruté de un día de rodaje por la pista de Formula 1 de Montreal.

Las semanas iban pasando, corriendo casi todos los días, la mayoría de noche, después de trabajar. Lo más duro, como ya dije, entrenar solo, sobre todo acostumbrado a compartir kilómetros con el grupo de UC3Marathon. Por suerte, las redes sociales y demás medios telemáticos hicieron posible que ese gran grupo de gente de UC3Marathon siguiera apoyándome en la distancia. Sin esos tuits, esos mensajes y correos de unos y otros no hubiera podido aguantar aquellos entrenamientos solitarios. Especialmente, el gran José, que día tras día me animaba en la distancia, entre pollo y pollo 😀

Y llegó el día de volver a España, a poco menos de 2 semanas del “día”. Nada más aterrizar de Montreal fui para la UC3M, era el primer día del curso en Carlos Corre y yo no quería perdérmelo. Esos reencuentros siempre son muy especiales, pero para mi ese año aún lo era más. Fueron 8 kilómetros de trote social que me supieron a gloria. Tras una breve parada en la playa para medio desconectar, llegó el momento de partir para Berlín.

Tocó madrugar, elegir bien qué llevar en la maleta, meter nuestra camiseta de competición, que no polo, pero con su “galleta” corporativa y todo lo que representa para los que formamos parte del grupo. Rubi, José y yo fuimos al aeropuerto y ya allí comenzó “la dieta maratón”, que viene a ser beber agua como si no hubiera un mañana y comer pasta hasta que la aborrezcas :D. Los nervios aún no estaban ahí, pero la presión de los 42 Kms (y de cagarla y perder el avión de vuelta) se empezaba a notar…

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Una vez en Berlín, nos fuimos para el hotel, nos instalamos, no sin pasar ya algunos momentos divertidos intentando abrir la puerta y aprendiendo a usar el grifo de la ducha…

De ahí para la feria del corredor, en donde nos encontramos con el resto de la expedición “Pollo team”.

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Podría intentar describir cómo era la feria del corredor y lo bien que organizan las cosas los alemanes, pero es mucho mejor leer cómo lo narra José Manuel aquí, que él sí que sabe escribir. Tan sólo diré que es impresionante y que sólo viendo la feria se da uno cuenta de que Berlín es “una grande” y nuestro MAPOMA, tristemente, no.

Tras recoger nuestra bolsa del corredor y recibir nuestras pulseras de corredores, nos fuimos a cenar (pasta, como no).

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Pero antes dejamos un recuerdo para que todo el mundo supiera que ESTUVIMOS ALLÍ:Imagen

El sábado fue un día tranquilo, José y yo lo pasamos como si fuéramos deportistas de élite (él está cerca de ello, pero en mi resulta de chiste): desayuno tranquilo, descanso en el vestíbulo del hotel navegando por Internet, paseíto previo a la comida (pasta, pasta, pasta), siesta y otro paseíto con café por la tarde. Nos resultó muy llamativo la gran cantidad de corredores con los que nos cruzábamos (era fácil identificarlos, porque todos íbamos con nuestra pulserita).

Finalmente y tras la cena (a estas alturas ya sabes lo que tomamos: PASTA), a la cama a intentar dormir antes de que sonara el despertador a eso de las 5 y pico de la mañana. Esa mañana, desayuno rodeado de corredores, unas palabras de ánimo mutuas y a dirigirnos a la salida.

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En la salida todo estaba perfectamente organizado, fuimos hacia nuestro corral y allí nos dividimos, cada uno con su grupo de tiempos y con sus fuerzas. Era EL MOMENTO. Tras escuchar el discurso inicial y el pistoletazo de salida, comenzó el maratón, mi PRIMER maratón, algo que nunca pensé que tan siquiera intentaría hacer. Atrás quedaron semanas de entrenos, una media de 80 Kms (y 50 mensajes del Pollero por WhatsApp) a la semana.

Al principio iba súper concentrado en no pisar a nadie ni tropezarme y regular mi ritmo, paupérrimo, sí, pero mi ritmo al fin y al cabo. Como luego veríamos, José Manuel se encargó de hacer de narrador de lujo de nuestra carrera para el resto de componentes del grupo. Los kilómetros pasaban y todos íbamos en nuestros objetivos. Yo pasé el Km 30, la distancia máxima que jamás había corrido y pensé “bueno, aquí empieza lo desconocido”. Con más miedo que vergüenza, seguí a mi ritmo, quizás siendo demasiado conservador, pero las carreras también se corren con la cabeza (bueno, esto lo digo para quedar bien…). A medida que se acercaba el final notaba que necesitaba beber más y más a menudo, pero también era consciente de que iba a acabar (¡¡y sin perder el avión de vuelta!!). Aún recuerdo ese último giro a la izquierda, para encarar una recta en la que ya ves la puerta de Brandemburgo. Los pelos de punta y ese último arreón final.

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Tras pasar la línea de meta y comprobar que todo estaba OK, me fui a recoger mi bolsa, haciendo un par de paradas para recuperarme del bajón/mareo post-carrera y me dirigí al hotel, en el cual me esperaban ya José, Rubi y Edu, contentos con sus marcas. En el camino ya recibí un SMS de enhorabuena de José Manuel, que me emocionó, pues supe que había estado atento a nuestro progreso. Él sabe bien, mejor que yo, lo que significa correr preparar un maratón, correrlo y acabarlo.

En el hotel pregunté por lo que habían hecho el resto de componentes de la expedición y supe que todos habían acabado, todos éramos FINISHERS.

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Llegamos al aeropuerto, tomamos el avión, aún asimilando lo que significaba haber acabado y empezando a notar los dolorcillos en las piernas. Pero ante todo ORGULLOSOS de ser parte de este grupo.

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Como toda buena historia, creo que merece la pena preguntarse con qué me quedo. Pues me quedo con la satisfacción personal, como no por haber acabado mi primer maratón, pero sobre todo por haberlo compartido con vosotros, los componentes de UC3Marathon. No se sabe lo duro que es correr sin vosotros hasta que no se pasa por ello. Y luego ver que sufrís y disfrutáis de los fracasos y los éxitos de cada uno de nosotros, eso es algo que define este grupo y esperemos no se pierda nunca. Yo ya estoy deseando correr el siguiente maratón con vosotros.

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